"Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel. Y envió jóvenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecieron holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehová. Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar. Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: He aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas". Éxodo 24:4-8:
Éxodo 24 narra la ceremonia de ratificación del pacto entre Dios e Israel. Con solemnidad, el pueblo se compromete en el monte Sinaí a ser el pueblo de Dios y a vivir bajo sus mandamientos.
Todo comienza con un llamado de Dios a Moisés, Aarón, sus hijos Nadab y Abiú, y a setenta de los ancianos de Israel para que se acerquen a Él. Pero había una condición: todos se postrarían a la distancia y solo Moisés podía llegar a la cumbre del monte.
Moisés subió y regresó con la instrucción de Jehová de recitar nuevamente todas las leyes u ordenanzas que Dios le había dado a Su pueblo. Al concluir Moisés sus palabras, el pueblo respondió a una sola voz: “Haremos todas las palabras que Jehová ha dicho”. Después de escribir los mandatos del Señor, Moisés construyó un altar y levantó doce columnas, una por cada tribu de Israel.
A continuación, el capítulo 24 nos presenta el sacrificio ceremonial, una parte esencial y necesaria en cada pacto de la antigüedad. Esta tarea fue asignada a un grupo de jóvenes del pueblo. Una vez realizado el sacrificio, Moisés dividió la sangre en dos partes: una la colocó en vasijas y la otra la roció sobre el altar.
Para completar el pacto, Moisés leyó al pueblo las ordenanzas divinas y, repitiendo lo dicho en el verso tres, los israelitas declararon: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho y obedeceremos”. El pacto fue sellado al esparcir la sangre sobre el pueblo, simbolizando así su inclusión en el compromiso.
Una oportunidad para el nuevo año
Hoy, en el ocaso del 2025, tenemos la gran oportunidad de ratificar nuestro compromiso con nuestra congregación y con nuestro Salvador. Sería provechoso reafirmar el pacto y decirle a Dios: “Haremos todas las cosas que has dicho y obedeceremos”.
Si por alguna razón tu relación con el Señor se ha vuelto superficial o la has tomado con poca importancia, es un buen momento para comenzar el próximo año respondiendo al llamado de subir a la cumbre para un encuentro con Dios. Si hasta hoy tu compromiso ha sido tibio, si has seguido a Dios solo por los beneficios que te concede o si continuamente oyes Su Palabra sin ponerla en práctica, eso puede cambiar hoy. Solo es cuestión de tomar la decisión acertada.
Respecto a nuestra congregación, esta espera que nos comprometamos para que el propósito divino se cumpla en la comunidad donde ministra. Es necesario asistir regularmente a las actividades programadas. Las iglesias poseen un dinamismo distinto al de otras organizaciones: se mueven por el trabajo individual y colectivo de cada miembro. Cuando empleamos nuestros dones, servimos con efectividad al prójimo, demostrando así un amor genuino.
Asimismo, cada congregación se sostiene con los aportes voluntarios y generosos de sus integrantes, quienes asumen la responsabilidad de atender las necesidades del templo. Una iglesia sólida está formada por individuos leales a los demás feligreses, al pastor, a su directiva, a la organización y a las doctrinas establecidas.
Una de las mejores formas de permanecer comprometidos con la iglesia es guiando a otros a conocer a Jesús. Participar en programas evangelísticos, predicar en grupos en los hogares y colaborar con la fundación de nuevas congregaciones son pruebas irrefutables de compromiso.
En nuestra relación con Dios, nunca está de más declararle nuestro deseo de crecer espiritualmente a través de la oración persistente, el estudio de la Biblia, la adoración y la asistencia activa a la iglesia. Igualmente, podemos manifestarle nuestra determinación de mantenernos firmes en la fe, a pesar de las circunstancias; que perseveraremos en el evangelio de la gracia hasta el rapto y que seremos fieles, aunque nadie más camine a nuestro lado.
Demostrar fidelidad a las enseñanzas bíblicas y defenderlas en cualquier lugar dará a entender que estamos verdaderamente involucrados con el Señor. Esa fidelidad está vinculada a realizar siempre la voluntad de Dios, dejando a un lado nuestros propios argumentos. Al actuar así, el ego disminuye y la humildad resalta, evidenciando que nuestra prioridad es dar la gloria a Dios en todo.
Un contrato o convenio se revalida con facilidad cuando se obtienen los beneficios planteados. ¿Cómo no hacerlo con Aquel que pagó el rescate de nuestra salvación con la sangre preciosa de Cristo?
Que en este 2026 podamos reproducir mes a mes, semana a semana y día a día, el juramento de Josué: “... pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.
Dios te bendiga y que tengas un excelente cierre de año.
